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Jorge Enrique Deniri: "El problema no es prohibir la IA, sino preguntarse qué se gana y qué se pierde con su uso"

  • infoduartedigital
  • hace 1 día
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El Dr. Jorge Enrique Deniri, historiador, docente, militar retirado, director ad honorem del Archivo General de la Provincia y presidente de la Junta de Historia de Corrientes, en el programa El Entrevistador, que emite Canal 13 Max con la conducción de Rubén Duarte, reflexionó críticamente sobre el desarrollo de la inteligencia artificial.


Fiel a su postura “prohibido prohibir”, rechazó la idea de limitar su avance, aunque sostuvo que el problema central radica en evaluar qué se gana y qué se pierde con su implementación.


Comparó la herramienta con programas como Microsoft Excel, que desplazaron habilidades específicas, y cuestionó la denominación de “inteligencia”, al considerar que se trata más bien de un sistema que compila y mezcla información existente, sin verdadera comprensión ni creatividad propia.


No obstante, remarcó que, a su juicio, la inteligencia artificial no representa una amenaza apocalíptica ni un escenario similar, sino más bien una herramienta cuyo valor dependerá del uso humano.


—Y ahora vamos a bucear en un tema que tiene que ver, si cabe la expresión, con una suerte de filosofía moderna: la inteligencia artificial. ¿Debería prohibirse el desarrollo de una inteligencia artificial superior a la inteligencia del hombre mismo?


—Yo soy de los que piensan que es prohibido prohibir. O sea, la censura prohíbe. Todo aquello que implique poner un límite artificial, tanto como esa inteligencia, no tiene sentido. El problema es qué se gana y qué se pierde. Hasta que apareció el… ¿Cómo se llama eso que sale en verde? Eso que hace en la computadora, que hace diagramas y programas… Excel. Hasta que apareció Excel, uno de mis curros era hacer planillas. O sea, yo inventaba una planilla para tal cosa y quedaba bien. Ahora lo hace cualquiera. Cualquier idiota que puede prender la computadora lo hace. Yo salí perdiendo. Lo mismo: a mí la inteligencia artificial no me beneficia, me perjudica, porque todos aquellos que no son inteligentes pueden ir y recurrir a eso, que es un inmenso archivo. Es una tremenda licuadora que agarra todo lo mejor y le da algo.


—En segundos.

—Y por ahí la pega y por ahí no la pega, pero ni con cola. Lo que yo empezaría por criticar es el término. Los indios yuks, Toro Sentado, Sitting Bull, Caballo Loco, actualmente son los principales apicultores que hay en Estados Unidos. O sea, productores de miel. En la década del 50 o 60 del siglo pasado le ganaron un juicio al Estado, exigiendo que todo lo que tuviese miel debía tener miel natural, que no podía ser artificial. No podía decir símil miel, jarabe de miel, azúcar; por ejemplo, la miel de maíz. Y ganaron. La autenticidad era lo poderoso, lo que le daba el bouquet. Con esto pasa lo mismo. Lo importante es la palabra inteligencia. Pero es falso eso. Es una máquina que mezcla las cosas. Hoy estaba leyendo, esta mañana, sobre la tipa que fue la que consiguió pasar a palabras los números de las viejas computadoras. Un aparato que tenía 20 pies por 8, por no sé cuánto, podía reducirse a un tamaño más razonable. Por supuesto que es fantástico. El tema es… Todos nosotros competimos. La vida, como decían, vida humana, milicia multiforme. Son formas diferentes de pelear las mismas batallas. Yo creo que aprender a usarla es un fenómeno. Yo no la uso, como tampoco uso, por ejemplo, el corrector. Para mí es una ofensa que, a esta altura de mi vida, una máquina me diga cómo se escribe una palabra. Hay muchas, inclusive, que uso que no aparecen en la máquina. Porque la máquina puede corregir lo que tiene adentro, no más que eso. Y con la inteligencia artificial pasa lo mismo. Hay un montón de cosas que la inteligencia artificial no sabe. Por ejemplo, todavía no me he metido mucho en eso, pero ¿cuál es el límite que conoce de lo que es la historia de Corrientes? Si hay alguien que a mí me resulta menos confiable que la Wikipedia, que es mucho decir, porque la Wikipedia es espantosa, es la inteligencia artificial. Se sabe menos todavía. Con el tiempo seguramente va a ser una cosa maravillosa. Yo creo que no lo vamos a ver y a mí no me interesa.


—De sus palabras entiendo que usted piensa que es imposible que la inteligencia artificial se vuelva incontrolable.

—¿Cuál fue el delito, cuál fue el pecado de Adán y Eva? ¿Qué era la manzana? ¿Era una droga? El delito, el pecado de ellos fue pretender ser iguales a Dios. ¿Se acuerdan de la película 2001: Odisea del espacio? La computadora que se enloquece empieza a matar a los… Bueno, esto es lo mismo. Yo no tengo ningún interés, además, en vivir en un mundo en el cual haya una máquina que sea igual o mejor que yo. ¿Para qué? No tengo nada que hacer ahí. Hay gente a la que le fascina eso; hay gente a la que le fascinan los chinos, por ejemplo, que pueden hacer una ruta al espacio. Creo que la Biblia también da un ejemplo de eso: la Torre de Babel.


—La vez pasada leía un artículo que tiene que ver con la inteligencia artificial y decía que hay muchos científicos y gente especialista en este tema que están peleando para que la inteligencia artificial tenga sus propios derechos. ¿Cómo se entiende? ¿Derechos?

—Estoy viendo esos tipos que se disfrazan de perros, y bueno, idiotas hubo siempre, delirantes también, y gente que está fuera de la realidad. También los derechos de los robots. ¿El derecho de la máquina de inseminar? ¿Tiene más derechos que sus hijos? ¿Tiene algún derecho respecto a sus hijos? No sé. Me parece que no. Yo me acuerdo de un capitán que, cuando vine a Corrientes, tuvo una gran discusión en la Facultad de Derecho porque había reclamado que se empezaran a legislar los derechos de los patógenos, los derechos de las bacterias; también tenían el derecho de los bichos. No estoy en eso. Ese es un mundo que no es el mío. Abstenerse. Fuera de acá.


Tecnología, mérito y esfuerzo: la defensa de la disciplina frente a los atajos digitales


—Enrique, usted es educador, es profesor. ¿Cree que es necesario, importante, enseñar la utilización de la inteligencia artificial en las escuelas primarias o en el colegio secundario?

—También es una buena idea: un chico de seis años con una ametralladora. Clase de ametralladora para niños de seis años. Fantástico. Clase de conducción con automóviles que dan 200 kilómetros por hora para una nena de 12 años. Qué buena idea. Personalmente me parece un absurdo. Que es necesaria, puede ser, pero no es imprescindible. La inteligencia natural debe aprender a desenvolverse. Después de eso, para mí es una computación un poco más avanzada. Es una mala palabra, mal inventada. Pero bueno.


—Déjenme que le cuente algo que usted seguramente sabe: que los adolescentes, hasta los niños, utilizan la inteligencia artificial para hacer sus deberes. Me contaba eso mi hija. Claro que ella no lo utiliza, ¿no? Pero está mal, desde luego.

—Yo me acuerdo de Rincón del Vago: “Hacemos tu tesis”. Hay un montón de gente deshonesta ahora que gana plata haciendo cosas para gente deshonesta. Ahora, el docente, el buen docente, no puede dejar de darse cuenta cuando no lo hizo él. Yo, por ejemplo, me sentaba, agarraba el trabajo, y uno ya conoce a los alumnos después de un mes. ¿Qué quiere decir esta palabra? No sabía. ¿Y esta palabra qué quiere decir? Buscando las palabras que yo sé que no son de uso común. ¿Y esta? Esta no la hiciste vos. Punto. Fuera de acá. Uno. Yo le ponía cero. Es una cifra que siempre me encantó a mí. Es absoluta. Hasta formalmente es perfecta. Tuve muchas discusiones por eso. “Tenés que poner uno”. Vino. ¿Qué me importa que vino? Si no dijo nada. Firmó la hoja. Si no dijo una palabra… Eso es filosófico: de la nada no sale nada. Y con esta cuestión es lo mismo. Ahora, eso depende. Según cómo se mire, va a exigir que el docente haga bien su trabajo, porque hay mucha gente que… Ayer estaba hablando con alguien del tema de los sindicatos, y parece que los sindicatos que tienen más habilidad para, digamos, no hacer lo que tienen que hacer son los docentes. Todos los días de permiso, de licencia, de enfermedades, ellos lo usan. Los malos docentes. Los buenos van abajo de la tormenta, con el agua hasta el cuello, a caballo. Con esto es lo mismo. Si los alumnos la usan, los celulares… Yo soy un pionero en el uso del celular en el aula. No yo: una profesora que trabajaba conmigo, de Geografía, que me dijo: “Vamos a usar esto para poder utilizar el GPS y todo eso”. Hace 15 años, no sé cuánto, trabajábamos en el aula con todos los alumnos con su celular. Para aprender a usar los aparatos que tiene adentro y que son útiles. Por ejemplo, el GPS, Google Maps y todas esas cuestiones, que son útiles, ninguna duda. Ahora, usarlo para jugar o usarlo para no trabajar es una cosa muy distinta. Me acuerdo el día que agarraron a dos en el colegio militar que habían traído… El padre de uno, que era militar, había traído dos relojes con radio. Uno estaba adentro del aula y el otro, desde afuera, le iba diciendo… Los engancharon y los echaron a los dos. ¿Dónde vas a parar acá? Yo respondo que la gente buena, que hace las cosas bien, tiene derecho a ser premiada, considerada y respetada. Los que hacen las cosas mal, los que no trabajan, los que son unos sinvergüenzas, tienen todo el derecho a que se los haga pomada.


—Nosotros siempre a favor del mérito, ¿no?

—Por supuesto. Eso se lo decía a mis alumnos: él es de 10, vos sos de 2. ¿Cómo querés que te trate a vos igual que a él? ¡Ganátelo! Eso sería una cosa distinta. Negarle el derecho al mérito… Una cosa que decía Alberto Fernández: que el mérito no vale nada. Y bueno, ya vemos dónde anda ahora.


—Acá lo voy a decir muy bajo: yo aplico eso hasta con mis hijos, Enrique. No sé si es su caso.

—Totalmente de acuerdo. Yo le dije a una de mis hijas: “Nena, vos tenés que conseguirte un novio con plata o elegir una carrera que sea más fácil”. Ella quería ser médica, y la medicina es una carrera para estudiar en serio 15 horas por día. Y vos querés estudiar cuatro, salir con tu novio, ir de farra con tus amigas. Así no funciona. Y hubo un momento en que le dije: “Bueno, mirá, yo este año soy el último que te banco. A partir de ahí, después estás por las tuyas”. Mentira, pero yo se lo dije. Entonces se puso las pilas y se recibió en tiempo récord. Porque el tema no era un problema de neuronas, sino un problema volitivo, de ganas de hacer las cosas. Y aparte, yo creo que sí, la letra con sangre entra. O sea, yo en el colegio militar era un gordito feliz y haragán. Y salí del colegio militar siendo un gordito feliz, pero ya no era más haragán. Me acostumbré a hacer, me resigné a hacer las cosas. Hay que hacerlo, no hay otro camino. Yo hacía estudios en las universidades, en las facultades, y les decía a los alumnos: vos que estás por estudiar Medicina, 14 horas por día para andar bien. Vos que vas a ser abogado, 6 horas por día para andar bien. Vos que vas a ser ingeniero hidráulico, 9 horas por día. Vos que vas a ser veterinario, 2 horas por día. Es un carrerón, lo que pasa es que cada uno tiene sus tiempos de exigencia, ¿no es cierto? Lo cual me lleva a decir que, por ahí, el médico… Yo era teniente. A la mañana temprano, cuando llegaba, estaba todo el montón de familiares de mis soldados esperando para ir al hospital. Yo los subía a un camión, iba con un jeep, los dejaba en el hospital para que se anotaran antes y me iba a buscar a los médicos. “Doctor, son las 9, su horario empieza a las 7”. “No llego”. Adelante, claro, porque hay otros problemas también. El primero que tiene que cumplir es el jefe.


—Así es. Enrique, gracias.

—A usted, Rubén.

 
 
 

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