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Proyecto "Ríos del Yaguareté": restauración y desarrollo comunitario

  • infoduartedigital
  • 2 nov 2025
  • 4 Min. de lectura

"Ríos del Yaguareté" es una iniciativa conjunta de cuatro organizaciones de Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay, que busca proteger, restaurar y reconectar un área de 2,5 millones de kilómetros cuadrados en la cuenca del río Paraná durante los próximos 20 años. El proyecto, presentado en la Semana del Clima de Nueva York, se basa en el concepto de que los ríos funcionan como corredores naturales para la fauna, facilitando el desplazamiento de las especies y su acceso a hábitats que han perdido debido a la fragmentación territorial. Como destacó Marisi López, coordinadora para Argentina, “entendemos que es la única manera que tiene la fauna de poder moverse de un lado a otro y ocupar el territorio que antes ocupaba, ya que por tierra ya es imposible que se siga moviendo”.


La cuenca del río Paraná, la segunda más grande en agua dulce de Sudamérica, atraviesa Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay, conectando importantes ecorregiones como Yungas, Gran Chaco, Selva Atlántica y Pantanal. Estos ecosistemas albergan bosques ribereños, selvas subtropicales, sabanas y humedales, constituyendo un mosaico de hábitats cruciales para numerosas especies. Matías López Bertram, optimizador de procesos de Nativa en Bolivia, subrayó la riqueza de la biodiversidad local: “La gran biodiversidad que alberga es extraordinaria: jaguares, nutrias gigantes, tapires, ciervos de los pantanos, pecaríes, osos hormigueros y numerosas aves acuáticas. En sus ríos viven especies clave como dorados y otras de importancia pesquera”.


El proyecto se plantea como una respuesta integral a los desafíos de conservación de fauna en la región. Según Diego Giménez, biólogo especialista en mastozoología de la Fundación Moisés Bertoni de Paraguay, “la cuenca del Río del Paraná está compuesta por ríos principales de cada país que conforma la iniciativa. Estos ríos son refugio y medios para moverse a través de largas distancias de manera segura para muchas especies”, en especial jaguares y nutrias gigantes.


EL JAGUAR COMO EMBLEMA


El jaguar, o yaguareté, ha sido elegido como especie emblemática del proyecto por su capacidad de recorrer grandes distancias, ocupar vastos territorios y regular poblaciones de presas, características que lo convierten en un indicador clave de la salud del ecosistema. Giménez explicó que “su capacidad de recorrer largas distancias, ocupar vastos territorios y ser regulador de las especies presa lo hacen una especie bandera para canalizar nuestros objetivos y acciones de la iniciativa”.


A pesar de su importancia ecológica, el jaguar enfrenta un serio riesgo de extinción en Sudamérica, permaneciendo solo en poblaciones aisladas de los ríos Paraná, Bermejo y Pilcomayo. Mario Haberfeld, fundador de Onçafari, lamentó que “prácticamente en toda Sudamérica se están extinguiendo”. Este contexto motivó la creación de corredores de fauna que conecten estas poblaciones, especialmente en áreas estratégicas como el Pantanal y las cataratas de Iguazú, donde la dispersión genética es esencial para garantizar la supervivencia de la especie.


El proyecto se basa en la premisa de que áreas protegidas estratégicamente ubicadas cada 150 kilómetros permiten el intercambio genético entre poblaciones de jaguares. Según Haberfeld, la conservación a escala continental requiere coordinación internacional: “El trabajar de manera conjunta entre cuatro países de la región permite que encaremos las distintas amenazas en la escala adecuada, pues de otra forma es muy difícil enfrentar grandes amenazas que no reconocen fronteras”.


CONSERVACIÓN Y PARTICIPACIÓN COMUNITARIA


La estrategia de ‘Ríos del Yaguareté’ combina la protección de ríos con la creación de arcas, áreas búfer y puntos intermedios. Marisi López explicó que las arcas “son como arcas de Noé, donde ya están de vuelta las especies que antes estaban extintas y donde se ha aumentado el número de ejemplares de cada población y se puede llevar hacia otras regiones que todavía no tienen, o que tienen muy baja representación”. Estas áreas están rodeadas de zonas donde las comunidades locales pueden desarrollar actividades económicas compatibles con la conservación.


La iniciativa promueve el ecoturismo y la producción sostenible como medios para beneficiar a las poblaciones locales. Haberfeld enfatizó: “Queremos trabajar en estrecha colaboración con las comunidades, la población local de la zona, y la idea es que puedan beneficiarse de la naturaleza, por ejemplo, trabajando en el ecoturismo, consiguiendo empleos mejor remunerados, trabajando para la naturaleza y no contra ella”.


Entre las oportunidades económicas destacan la producción de recursos locales, como la algarroba en el Impenetrable chaqueño, que acompaña la conservación del monte. López agregó que “otra posibilidad para las comunidades es convertirse en productores de algún elemento, que el mismo monte les da, como el caso de la algarroba, en el Impenetrable chaqueño, u otro tipo de producción, que acompañe la conservación de este monte”.


Los puntos intermedios, conformados por extensas tierras privadas, serán escenarios de investigación y conservación activa, en colaboración con los propietarios. Giménez detalló que esto implicará “acciones de investigación y coexistencia entre el ser humano y la fauna local”, reforzando la integración entre conservación y desarrollo sostenible.


PLANIFICACIÓN Y FINANCIAMIENTO


El plan de acción de la iniciativa contempla tres fases. En los primeros cinco años se consolidarán las arcas y se realizarán las primeras intervenciones en zonas búfer, incluyendo adquisición de tierras, protección de áreas y medidas de reducción de amenazas como incendios, caza furtiva y presencia de ganado. Se prevé también el inicio de reintroducciones de especies y programas de suplementación poblacional.


Durante los siguientes cinco años, los esfuerzos se enfocarán en expandir las áreas búfer y los puntos intermedios, fortaleciendo la conectividad entre hábitats y asegurando que las especies puedan moverse libremente. La última fase, que abarca los diez años restantes, se centrará en la restauración a gran escala de los ríos y en la recuperación de especies emblemáticas como el jaguar, la nutria gigante y el ciervo de los pantanos.


El financiamiento total requerido para los 20 años del proyecto asciende a 400 millones de dólares, de los cuales 78 millones se necesitan para los primeros tres años. Hasta ahora se han asegurado 26 millones, pero los organizadores destacan que será crucial el apoyo de donantes privados, fundaciones, sector empresarial y organismos multilaterales para alcanzar los objetivos planteados.

 
 
 

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