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Sociedad, poder y cultura en la Corrientes de Juan Pujol, una mirada histórica sobre la élite correntina del siglo XIX

  • infoduartedigital
  • hace 4 horas
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La profesora de Historia Lorena Penayo, fue entrevistada por Inés Bobadilla en el programa Historias Para Contar, emitido por LT7 AM 900 e InfoDradio 106.3 FM , donde ofreció un detallado análisis sobre la sociedad correntina durante el gobierno de Juan Gregorio Pujol, centrando su exposición en la configuración social, los modos de vida y las expresiones culturales de la clase dirigente de mediados del siglo XIX.


integrante de la Junta de Historia de la provincia de Corrientes y del Movimiento San Martiniano, subrayó la necesidad de comprender ese período histórico a partir de las prácticas cotidianas, los espacios urbanos y los símbolos que definían el estatus social en una ciudad que comenzaba a consolidar sus instituciones.


Penayo explicó que durante el gobierno de Juan Gregorio Pujol coexistían dos grandes sectores sociales claramente diferenciados: por un lado, la clase pudiente, culta y dirigente, y por otro, el sector popular. En ese marco, señaló que su exposición se concentró en describir cómo la clase acomodada marcaba su posición social a través de diversos factores, entre ellos el lugar de residencia, la vestimenta, la participación en clubes sociales, la asistencia a cafés y confiterías, y la organización de eventos sociales.


Al referirse al espacio urbano, la historiadora precisó que las calles principales de la ciudad de Corrientes de entonces eran Junín y Nueve de Julio, seguidas por Mayo e Independencia —actual Carlos Pellegrini—, Mendoza, San Juan y La Rioja de la Ribera hasta Ayacucho, hoy Hipólito Yrigoyen. Según explicó, estas arterias concentraban las residencias de la clase pudiente, así como los principales comercios y negocios de extranjeros, lo que reforzaba la relación entre ubicación geográfica y jerarquía social.


Penayo destacó que la Plaza de Mayo constituía el punto de referencia central de la ciudad y que en su entorno se organizaba la vida social de los sectores acomodados. En esas mismas zonas se ubicaban los clubes sociales, especialmente sobre la calle Independencia, así como los cafés y confiterías, espacios que cumplían un rol clave como ámbitos de encuentro, sociabilidad y representación simbólica del poder económico y cultural.


La profesora señaló que la arquitectura de las residencias también expresaba diferencias sociales. Si bien predominaba aún el estilo colonial, caracterizado por galerías interiores y exteriores, las casas de la clase pudiente contaban con una sala de recepción que funcionaba como el espacio más lujoso del hogar. Según indicó, algunos historiadores consideran que esa sala era el centro de la vida social doméstica, destinada a reuniones y eventos, y que hacia ese período comenzaban a insinuarse, de manera paulatina, influencias del estilo italiano, especialmente con la aparición de azoteas.


SOCIEDAD, CONSUMO Y ESPACIOS DE SOCIABILIDAD


En su análisis, Lorena Penayo se detuvo especialmente en el funcionamiento de la Sala de Comercio, inaugurada el 19 de junio de 1853, según consta en el diario La Libre Navegación de los Ríos. Citando al historiador Federico Palma, explicó que este espacio operaba como una suerte de club social donde se reunían los representantes de las familias de mayor relevancia socioeconómica y política de la época, consolidando un ámbito exclusivo de interacción entre las élites correntinas.


La historiadora resaltó que la Sala de Comercio no solo albergaba reuniones y encuentros formales, sino que también se caracterizaba por la organización periódica de bailes, que se realizaban cada quince días. Al respecto, compartió un anuncio publicado en 1853 que describía con detalle el ambiente de esos eventos: “El baile del sábado, la parte artística, se halló perfectamente sostenida, pero la rápida sucesión de las cuadrillas, bal, la grave contradanza, entre otros, apenas nos daban tiempo para gustar de las delicadas armonías del acompañamiento del piano y violín”.


Penayo subrayó que estas crónicas periodísticas permiten reconstruir no solo las prácticas recreativas de la época, sino también los valores estéticos y sociales que regían esos encuentros. En el mismo anuncio, se afirmaba que “lo más elegante y lúcido de nuestras damas y caballeros asisten aquel salón”, lo que evidencia el carácter selecto de estos espacios y su función como escenario de exhibición del estatus social.


La profesora también analizó el rol de los cafés, a los que definió como espacios cerrados pero de carácter público, utilizados por la clase pudiente como ámbitos simbólicos de pertenencia social. Explicó que, a diferencia de los grandes bailes, los cafés ofrecían un entorno más íntimo, propicio para reuniones reducidas, la lectura de diarios o libros y el intercambio de ideas, reforzando así su importancia dentro de la vida urbana.


En relación con la vestimenta, Penayo detalló que la clase acomodada se distinguía por un estilo elegante y refinado, acorde a los parámetros de la época. Indicó que gran parte de las prendas y accesorios provenían de Europa, especialmente de Francia, e incluían chalecos de raso, camisas, levitas, gorras, sombreros y ponchos. Asimismo, destacó el uso de perfumes, joyas de oro y plata, relojes, pulseras y collares, elementos que reforzaban visualmente la posición social, en particular en el caso de las mujeres.


Para ilustrar estos aspectos, la historiadora citó diversos avisos comerciales publicados en diarios de la época, como los de sastrerías, cafés y peluquerías francesas, donde se detallaban tanto los productos ofrecidos como las ubicaciones estratégicas de los establecimientos en las calles principales de la ciudad. Según explicó, estos anuncios constituyen fuentes históricas valiosas para comprender las dinámicas de consumo y representación social del período.


MUJER, BENEFICENCIA Y CONSTRUCCIÓN INSTITUCIONAL


En otro tramo de sus declaraciones, Lorena Penayo abordó el rol de la mujer durante el gobierno de Juan Gregorio Pujol, poniendo el foco en la acción solidaria y la participación en iniciativas de beneficencia. Señaló que en 1858 se estableció la Sociedad de Beneficencia con el objetivo de que mujeres de la clase pudiente colaboraran con los sectores más vulnerables de la sociedad correntina, marcando un espacio de intervención femenina en la esfera pública.


La profesora mencionó especialmente a Luisa Pujol, hermana del gobernador, como una de las impulsoras del proyecto de un hospital de mujeres. Explicó que esta iniciativa logró concretarse años más tarde, alrededor de 1870, gracias al aporte de Juana Francisca Cabral, quien donó el terreno y el presupuesto para la construcción del establecimiento que hoy funciona como el Instituto Cardiológico. Penayo remarcó que estas acciones evidencian un rol protagónico de la mujer desde la solidaridad y el servicio.


Además, destacó que estas iniciativas no fueron aisladas, sino que se inscribieron en una serie de acciones más amplias, como la creación del geriátrico Juana Francisca Cabral y la Capilla de Santa Rita, que reflejan una continuidad en el compromiso social de las mujeres correntinas de la época. Según señaló, si bien muchas de estas figuras no siempre han recibido la difusión necesaria, su aporte fue fundamental en la construcción del tejido social.


Finalmente, Penayo realizó una valoración integral de la gestión de Juan Gregorio Pujol, a la que definió como clave para la institucionalización de la provincia. Señaló que durante su gobierno se impulsaron medidas de fuerte impacto, como la sanción de la Constitución Provincial de 1856, la adhesión a los principios de la Constitución Nacional de 1853, la instauración de la educación primaria gratuita y obligatoria para hombres y mujeres en 1853, la emisión del primer sello postal y la creación del régimen de municipalidades, acciones que, en conjunto, respondieron a una clara idea de progreso y organización institucional.

 
 
 

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