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´´La pandemia es una prueba´´

El monseñor Andrés Stanovnik, en declaraciones al programa radial La Otra Campana que conduce Rubén Duarte, llamó a recuperar la confianza en Dios para poder afrontar la enfermedad e instó a revalorizar el compromiso con la fraternidad. Apoya al regreso presencial a las clases.

En contacto con el periodista Rubén Duarte, el religioso hizo un análisis de la situación social en pandemia y realzó el valor de la fe en los tiempos de enfermedad.

A continuación, lo más relevante de la charla.

El pasado jueves se realizó la celebración del Día Internacional de la Fraternidad Humana. Merece una reflexión ¿No?

-Así es. Primero, lamento que no haya tenido una repercusión mayor en los medios a nivel nacional, por lo menos. Me parece que fue poco tenido en cuenta. Es muy importante, además es un evento declarado por la ONU. De modo que toca a la humanidad en general. Pero para no hacerlo demasiado teórico y lejano, cuando decimos fraternidad humana, todos nos tenemos que acercar lo más posible y cuando decimos que es posible la fraternidad humana, estamos haciendo referencia a los vínculos interpersonales, es decir, los vínculos que tenemos diariamente empezando por la pareja humana, por el binomio humano. Ahí se juega la fraternidad humana en lo concreto y ahí es donde uno puede tener esperanzas de que es posible la fraternidad humana, más allá de la pareja, en la familia, parientes, barrio y a partir de ahí, en los ámbitos de convivencia social, político, económico, entre las familias de los pueblos ¿Por qué digo que hay que partir desde lo básico? Porque es ahí donde se juega la aceptación del otro. El otro que es diferente. El gran vicio que acompaña la condición humana desde los inicios, es dominar al otro. Es decir, hacerlo conforme a los propios criterios y no aceptando tal y como es y caminar con él, con las posibilidades diversas para hacer un proyecto juntos. Ahora bien, desde la fe, creemos que esto es posible si no ponemos el fundamentos en nosotros, esto significa en uno mismo. Si descubrimos que el fundamento de esto es, como lo dice el Papa en la extraordinaria Carta Hermanos Todos o Fratelli Tutti, cuando dice, "sin una apertura al Padre de todos, no habrá razones sólidas, ni estables, para el llamado a la fraternidad". Entonces, es posible la fraternidad, es necesario empezarla en los vínculos primarios y esenciales, abiertas al creador, al que nos creó, porque de él recibimos el modo en que tenemos que tratarnos entre nosotros.

Ante el inminente inicio de clases, le pido unas palabras para la comunidad.

-Con mucho gusto. Yo voy a tomar las palabras que nos entregó la Comisión Episcopal para la educación y en síntesis, en primer lugar, exhorta a que empiecen las clases, es decir, a que no se prolongue la ausencia de los niños en la escuela. Evidentemente hay que adecuar unas series de cosas para que el lugar sea seguro. Habrá que adecuar ediliciamente los espacios, habrá que tomar los recaudos con los que ya nos fuimos acostumbrando con cierta dificultad, pero me parece que ya lo tenemos bastante incorporados, que son estos criterios de bioseguridad, lavarse las manos, el distanciamiento, tapa bocas, cosas que son elementales. Cumpliendo estos requisitos, la invitación es regresar a las aulas. Después habrá que ver, eso ya lo dirán los técnicos, cómo alternar algo que hemos adquirido en este tiempo, no sólo en lo educacional, sino en lo general, que es incorporar la tecnología. Las nuevas plataformas que ayudan a complementar la presencialidad, pero nunca la pueden sustituir. Entonces, la invitación es a que se haga todo lo posible de volver a las aulas.

¿De qué manera debemos prepararnos espiritualmente para afrontar la pandemia?

-La pandemia es una prueba. Y frente a la prueba es muy importante, en primer lugar, confiar. Naturalmente que la crisis creo una serie de desconfianzas y vulnerabilidades en nuestra condición humana, es decir, hay miedo, incertidumbre. Frente a esto, es necesario recuperar la confianza en Dios. Dios no nos abandona en la tripulación. Esto es muy importante. Abrir el corazón a Dios, que cuida de sus criaturas. Entonces, nada malo nos puede pasar. Aquel que confía en Dios, ciertamente él se hace presente, no lo puede hacer con aquel que se cierra. Evidentemente. Esto como fundamental. En segundo lugar, es muy importante la solidaridad, es decir, toda crisis tiene que despertar en nosotros una mayor solidaridad. Una mayor fraternidad humana, volvimos al tema anterior. En el fondo, es un desafío a vivir el mandamiento principal que tenemos los Cristianos, que es amar a Dios, confiar en él, en Dios que se nos reveló en Jesús y a partir de ahí, sintiéndonos amados, pudiendo refugiarnos en él, abrir el corazón a los hermanos y ser más solidarios especialmente con los más vulnerables, con los que más sufren las consecuencias de esta pandemia. Esto como básico. Después el cristiano ciudadano, responsable, cumple con las indicaciones que nos dan para ser responsables en esta pandemia, volvemos a lo mismo, la higienización, el tapa bocas y el distanciamiento correspondiente. Esto apela a la responsabilidad individual. Este mensaje a nosotros, los creyentes, para que seamos responsables con la propia vida y la de nuestros semejantes. Con una sensibilidad muy especial respecto de los más vulnerables, me refiero en esta pandemia, que son los ancianos y los que tienen algunas condiciones de base que los hacen más débiles frente a esta enfermedad.

Comienzan las Jornadas Mundiales del Enfermo y tiene que ver con lo que estamos hablando fundamentalmente ¿No?

-Sí. La condición del enfermo es también una prueba grande. Todos pasamos en mayor o menor medida por la enfermedad, sobre todo cuando se presenta con características graves, a uno lo coloca frente a una crisis grande, que en el fondo es crisis de confianza. Crisis de confianza en el sentido de que una enfermedad no nos puede destruir. Entonces, al enfermo hay que ayudarlo, acompañarlo, es necesario incentivarlo a que confíe y si es cristiano, ayudarlo a renovar su fe. La condición del enfermo ayuda también a aquellos que acompañamos a los enfermos, sobre todo el personal de salud, pero después hay muchos voluntarios, hay una multitud silenciosa que acompaña a los enfermos y a sus familiares. También a uno que tiene la oportunidad de acompañar al enfermo, le ayuda a tomar conciencia que la condición humana es frágil. Y como frágil, necesita de un apoyo fundamental y ese apoyo, volvemos al inicio de nuestra conversación, es Dios, que quién nos creó. Y a través de Jesús nos dio pruebas suficientes de que no nos abandona, que nos acompaña, que no resuelve por nosotros la prueba, sino que nos acompaña para poder resolverlo. La prueba más grande como gesto y gesta histórica, es Jesucristo en la Cruz. La Cruz es la prueba del amor de Dios, que superó el mal de la venganza, del odio, sin caer en él. Es decir, la venció con el amor. Es decir, la Cruz es la señal de solidaridad más impresionante que sucedió en la historia y la protagonizó Dios mismo. De modo que confiar en él, vale la pena. Entonces, la jornada del enfermo es también una invitación en renovar nuestra fe en Dios y al mismo tiempo, a ser más sensibles y acompañar más de cerca y aprender modos más cercanos y más humanos de acompañamiento.

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